OASIS EN LAS NUBES ¿CÓMO EXTRAER AGUA DE LA NIEBLA?
- alejandrovasquez153
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Diversas iniciativas trabajan para aprovechar el agua de la niebla, un aporte complementario que resulta crucial en un mundo sumido en una emergencia climática.
Francisco González Artiles, técnico del Área de Medioambiente del Cabildo de Gran Canaria y miembro del equipo coordinador del proyecto LIFE Nieblas, revisa los 40 captadores de niebla instalados en la finca de El Pinillo.
EL DESIERTO DE ATACAMA es uno de los más áridos del mundo. Sin embargo, en las zonas cercanas al mar, es habitual que sus cielos se llenen de las denominadas camanchacas, densas neblinas costeras formadas por estratocúmulos donde se acumulan infinidad de gotas de agua demasiado pequeñas como para precipitar. ¿Cómo se podría extraer ese valioso recurso de la niebla?, se preguntó Carlos Espinosa Arancibia a finales de la década de 1950. El día era especialmente seco, y el físico chileno observaba cómo esas nubes cargadas de humedad pasaban de largo sobre el reseco territorio. Conocedor de antiguas prácticas de recolección de gotas de agua, el científico se puso a experimentar en la zona, hasta que en los años setenta patentó el atrapanieblas. Un invento para «captar el agua contenida en los bancos de niebla o camanchacas» que donó a la Universidad Católica del Norte, en Antofagasta, y que la Unesco difundió gratuitamente.
El sistema es muy simple: consiste en una serie de mallas verticales que atrapan las gotitas de agua de la niebla a su paso y son redirigidas a un sistema de recolección. Funcionan solo en áreas con cierta altitud cercanas al litoral, orientadas a vientos húmedos y con un relieve que favorezca la canalización de la niebla hasta la instalación. Su viabilidad quedó demostrada en 1987, en la comunidad costera chilena de El Tofo-Chungungo, donde solo disponían del agua que les llevaba una vez a la semana un camión cisterna. Se instaló un centenar de atrapanieblas, y durante casi diez años, las 90 casas del pueblo pudieron abastecerse de agua procedente de las nubes. Hubiese durado más tiempo si la instalación de una desaladora no hubiera relegado al olvido esos ingeniosos y sostenibles artilugios.
Los atrapanieblas de la Estación Atacama UC-Alto Patache (arriba), en Chile, recogen hasta mil litros de agua al día. Para que el sistema funcione, solo se necesita niebla y viento. La malla (sobre estas líneas), fabricada con materiales fácilmente disponibles, intercepta la nube y captura las gotas de agua que son empujadas por el viento. Luego, esta se almacena en un depósito.
Atacama continúa siendo un referente en el estudio e implementación de los atrapanieblas. Aquí se encuentra la Estación Atacama UC– Alto Patache, parte de la red de monitoreo de captadores de agua de niebla más extensa del mundo que gestiona el Centro UC Desierto de Atacama, centro de investigación de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Las estaciones de la red están diseminadas a lo largo de más de 2.000 kilómetros, que abarcan casi la mitad del país. Una de las investigadoras asociadas al centro es la geógrafa Virginia Carter, profesora de la Universidad Mayor en Chile y Exploradora de National Geographic. Gracias a una beca de la Sociedad, ella y otros miembros del equipo desarrollan distintas investigaciones con objeto de masificar el uso de los atrapanieblas en todo Chile, muy azotado por la sequía.
«Los atrapanieblas suministran agua dulce complementaria, y ese adjetivo me parece clave –dice Carter–. No es un sistema de recolección capaz de abastecer grandes núcleos de población, pero su contribución puede ser relevante, en especial en zonas vulnerables y comunidades rurales donde carecen de otros aportes hídricos». Aunque las experiencias existentes por el momento son a pequeña escala, funcionan muy bien, como demuestra otro proyecto que han llevado a cabo en la comuna de Chañaral, donde el agua de niebla sostiene un cultivo de lechugas hidropónico. Otra iniciativa de éxito es la impulsada por dos hermanos en Peñablanca: una fábrica de cerveza artesanal llamada, cómo no, Atrapaniebla, producida con agua extraída de la camanchaca. Para que los atrapanieblas proliferen en el país, el Centro UC Desierto de Atacama ha presentado recientemente una plataforma abierta donde se puede ver qué zonas tienen mayor potencial para albergar estas infraestructuras e incluso la estacionalidad de las camanchacas.
EN TENERIFE, María Victoria Marzol conoce muy bien este sistema para «ordeñar las nubes». En 1992, esta climatóloga y catedrática de Geografía Física de la Universidad de La Laguna, hoy jubilada, pasó tres meses en la estación experimental andina. A su vuelta impulsó en Canarias varias instalaciones de atrapanieblas, aún en funcionamiento. El agua colectada en las diferentes estaciones, explica, tiene distintos usos. «Fundamentalmente se utiliza en las labores de reforestación y para llenar los depósitos de agua situados en el monte para fines forestales o en caso de incendio. Sirve además para abastecer de agua a los bebederos de animales como cabras, pájaros o abejas». Y es que en el archipiélago canario también se las ingenian desde tiempos remotos para conseguir este recurso tan escaso.
Si uno se fija en el escudo de la isla de El Hierro, verá que en el centro destaca un árbol Garoé y una gran nube atrapada en su copa. Cuenta la leyenda que este árbol sagrado tuvo un importante papel en la resistencia de los aborígenes bimbaches de la isla frente a la invasión europea en el siglo xv. Los bimbaches pactaron ocultar al enemigo la existencia de su fuente de agua, el Garoé, cuyas hojas eran capaces de recoger el agua de niebla que ellos almacenaban en oquedades. Pero, por amor a un soldado andaluz, una bimbacha llamada Agarfa traicionó a los suyos y reveló el secreto a su amado, y este lo desveló a los suyos.
En el marco del proyecto LIFE Nieblas se ha mejorado el diseño del atrapanieblas tradicional. El nuevo modelo emplea tiras de púas metálicas inspiradas en las acículas de pino, que duplican la capacidad de captación de agua.
Lo demás es tragedia… y fuente de inspiración, porque volviendo a tiempos modernos, entre 2020 y 2024 Canarias ha sido el marco principal del proyecto europeo LIFE Nieblas, en el que varias instituciones y centros de investigación del archipiélago, de Portugal y de Cataluña pusieron a prueba innovadores sistemas de captación de niebla y formas de reforestación en áreas degradadas. En ese marco se diseñó un nuevo atrapanieblas más resistente, versátil y manejable que, a modo de gran peine metálico, intercepta las gotas de la niebla mediante tiras de púas cuyo diseño está inspirado en las acículas de los pinos canarios. Combinados con distintos sistemas de riego y de plantación, estos atrapanieblas se probaron en la finca de El Pinillo, en Gran Canaria, y luego, a menor escala, en otros lugares de Canarias, Portugal y Cataluña. Su utilidad para regar plantaciones de zonas aisladas quedó demostrada: la tasa de supervivencia de esos cultivos rozó en algunos casos el 100 %.
En la finca de El Pinillo, en Gran Canaria, el agua procedente de los atrapanieblas se almacena en unos depósitos y se emplea en la reforestación de bosque nativo como la laurisilva; hasta la fecha se han plantado 15.000 árboles de diferentes especies.
LA COSECHA DE AGUA DE NIEBLA se lleva a cabo también en otros lugares del planeta donde estos estratocúmulos preñados de agua –las camanchacas de Chile, que en Marruecos se llaman tagut y en Sudáfrica, cocimbo– son aprovechados por los atrapanieblas. Una de estas instalaciones, galardonada por la Secretaría de Cambio Climático de las Naciones Unidas, está en Marruecos: es el proyecto Recolección de niebla liderado por mujeres para un ecosistema resiliente y sostenible, gestionado por la organización no gubernamental Dar Si Hmad. Desde 2002, María Victoria Marzol colabora con esta ONG. «Los atrapanieblas están instalados en la región de Aït Baâmrane, en los límites del desierto del Sahara, donde durante siglos las tribus amazig han vivido de la escasa lluvia que caía del cielo y del agua de unos pozos que ya no se recargan debido a la sequía cada vez más pertinaz –dice–. Hoy el lugar alberga el sistema de captación de agua de niebla en funcionamiento más grande del mundo. Con más de 1.620 metros cuadrados de redes para captar agua dulce de la niebla, abastece las necesidades hídricas de unas 900 personas».
Los atrapanieblas jamás podrán sustituir formas de abastecimiento de agua de gran envergadura, como las desaladoras o los embalses, pero este tampoco es su cometido. Son una herramienta más, nada desdeñable, para mitigar la escasez de agua. No parece sensato prescindir de cualquiera de ellas en este mundo cada vez más sediento.
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